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“Afrontar la dificultad con Resiliencia”

Actualizado: 11 feb



Aunque no existe una única definición de resiliencia universalmente reconocida, podemos decir que la resiliencia es una habilidad o capacidad individual para enfrentar, sobreponerse y salir fortalecidos en situaciones adversas.


Las investigaciones sobre resiliencia apuntan a un conjunto de características personales (empatía, afectividad, autonomía, humor, competencia, etc) y a factores externos como la familia o el apoyo de un adulto significativo como los principales movilizadores de la capacidad de superación del ser humano, y más recientemente, el comprender el propio proceso que lleva a las personas a salir de la adversidad.


Uno de los máximos representantes y divulgadores de la resiliencia es Boris Cyrulnik, cuya infancia es un claro ejemplo de la misma. Siendo niño vivió el arresto de su familia y deportación a un campo de concentración en el que sus padres fallecieron y del que logró huir con 6 años. Desarrolló el resto de su infancia en centros de acogida, y consiguió, gracias al apoyo de adultos significativos, estudiar medicina y especializarse en Psiquiatría.


Para Cyrulnik, la resiliencia es la capacidad de recuperación ante un trauma. El introduce por primera vez la figura del profesorado como "tutores de resiliencia" con un papel clave en el desarrollo de la resiliencia durante la infancia.


Ahora bien, ¿nacemos o nos hacemos resilientes?


Parece que todos disponemos de mecanismos psico-biológicos que nos permiten soportar la presión y recuperar el equilibrio cuerpo-mente tras una situación adversa y sabemos que además es posible entrenarnos en ser más resilientes pues con la práctica esta capacidad se ve reforzada.

“Recuerda siempre que eres más grande que tus circunstancias, eres más que cualquier cosa que te pueda ocurrir”.
Anthony Robbins

Te damos algunas estrategias para entrenarte y ser más resiliente. Ya seas profe padre, madre o persona a quien le interese profundizar en su bienestar, estas claves te pueden ayudar.


1- ¿Qué historia te cuentas?


Lo que te cuentas y cómo te lo cuentas, influye en cómo interpretas la situación adversa. Observa si tu diálogo interno está dramatizando o relativizando la situación.


2- Gestión emocional


Los cambios o las pérdidas producen tristeza. Esta emoción provoca un dolor físico. Solo después de vivirla es posible continuar con nuestra vida y obtener aprendizajes para salir fortalecidos. El recogimiento, la música, los paseos por la naturaleza, el deporte, la contribución, y el mindfulness son muy útiles para aliviar la tristeza.


3- Cuestión de actitud


No se pueden cambiar los acontecimientos que nos suceden, pero sí la actitud frente a ellos. Cuál sea tu actitud ante la situación adversa, determinará tu experiencia y capacidad de crecer y sobreponerte.


4- Autoconocimiento


Conocerte a ti mismo, descubrir tus fortalezas y áreas de mejora, lo que sientes, te brindará confianza y equilibrio ante la dificultad. Recuerda: la vulnerabilidad no es sinónimo de debilidad.


5- Flexibilidad


Mente abierta para vivir el cambio inherente a nuestra vida y tener varios planes te ayudará a sentir mayor seguridad


6- Optimismo (el humor)


Ser optimista, no significa engañarse en una situación difícil o ignorar el problema, sino comprender que los obstáculos son transitorios, e ir más allá del momento Se trata del optimismo realista.

Practicar el humor nos ayuda a liberar nuestra tensión emocional.

El humor reír es sano, para el cerebro es buenísimo, siempre que sea constructivo y nace desde la autenticidad, cuando nos reímos de la situación, con nosotros mismos, incluso cuando reímos con nuestro miedo, pero no de nuestro miedo. Para aligerar la mochila reíamos de aquello que nos da miedo. Deja que tu niño interior se divierta transformando aquello que te da miedo en algo ridículo


7- Practicar mindfulness

Estar presentes y desarrollar la capacidad de aceptación te abre un mundo de posibilidades.


8- Agradecer

Nuestro cuerpo y nuestra mente responden rápidamente a los cambios positivos que la gratitud pone en funcionamiento. La gratitud abona el terreno para que nuestra personalidad se vuelva más y más resiliente: se trata de una sencilla pero excelente forma de transformar nuestras vidas avalada por multitud de estudios científicos


9- Practicar la compasión


La compasión y autocompasión nos ayudan a abordar el sufrimiento de otros y nuestro propio sufrimiento con una actitud de bondad y no juicio. Cuando nos volvemos conscientes de que todos experimentamos emociones y situaciones profundamente dolorosas, desarrollamos una personalidad resiliente.


10- Practicar el perdón


Perdonar es salir al encuentro del otro, lo que nos permite al mismo tiempo salir al encuentro de nosotros mismos. Ser conscientes de nuestros errores en el pasado y hemos sido perdonados, nos ayuda a relativizar los fallos que todos comentemos y a reencontrarnos con nuestras fortalezas interiores.